Algunas ideas sobre el conflicto Palestino-Israelí y sus posibles soluciones (16 de julio de 2014)

La creación del Estado de Israel en el territorio conocido en ese momento como Palestina solo fue posible por la mentalidad euro-céntrica de la época en la que fue gestado y concretado ese proyecto (1880 – 1948). Aquella fue la era del colonialismo, en la que las potencias europeas se repartieron el mundo respondiendo solamente a sus intereses, nunca a los de las otras naciones que consideraban inferiores. El resultado fue trágico y aun vivimos sus consecuencias en África, Asia y Europa Oriental.

Los principales antecedentes que explican la creación del Estado de Israel donde está hoy en día son: a) el movimiento sionista, que creó la fantasía de que Palestina era un territorio prácticamente desocupado, y que podrían formar un Estado judío en un territorio poblado en su gran mayoría por no-judíos, desplazando necesariamente una gran masa de personas de sus viviendas, sin que eso tuviera consecuencias nefastas;  b) La promesa de un país propio en Palestina que Inglaterra se sintió con la facultad de hacer a los judíos; c) el Nazismo, que con el genocidio de la “solución final”  aceleró el proceso y lo hizo parecer imprescindible; d) La pasividad de las potencias del mundo pos-Segunda Guerra Mundial, que encontraron en Israel una solución fácil a los millones de judíos refugiados en Europa, sin hacerse nunca cargo de las obvias consecuencias posteriores.

Todo lo anterior es cierto, pero ya es historia, y no nos sirve para nada.

Hoy en día Israel ya es un Estado y una Nación con su propia historia e identidad. Con 3 generaciones de personas nacidas allá que tienen tanto derecho a reclamar esa tierra como sus antiguos habitantes árabes. No hay forma de echar para atrás la historia sin cometer un error de iguales o mayores proporciones que el que ya se hizo hace 60 años. Por lo tanto, hay que buscar una solución que mire hacia el futuro y no hacia el pasado.

Creo que la solución más realista y justa es la creación de un Estado Palestino soberano en el territorio palestino hoy en día ocupado por Israel según la comunidad internacional, es decir, Gaza, Cisjordania y Jerusalén oriental. Las fronteras de ese Estado seguramente serán material de debate (sobre todo en lo que respecta a la zona de Jerusalén), pero en general está bastante claro cuáles serían, y con debido arbitraje esa discusión no tendría por qué ser un freno para la paz. Para que esto sucediera, muchos palestinos tendrían que renunciar a sus territorios originales, aquellos que hoy en día están en lugares que son indiscutidamente israelíes;  es algo muy difícil de pedir, y no es justo, pero es necesario.  Esto también se extiende a renunciar al retorno a estos territorios de sus habitantes originales que hoy en día viven en el extranjero. Pero también significa que Israel no pueda interferir con el  retorno de personas a los territorios que correspondan al Estado Palestino.

Creo que en ambas naciones, la gran mayoría de la gente estaría dispuesta a una solución de este tipo. En el caso israelí, la oposición en distintos grados a la ocupación de Palestina siempre ha sido un sector social y político muy fuerte; existen diversos partidos políticos, instituciones no gubernamentales y grupos activistas que defienden esta postura; se han hecho incontables documentales, canciones y poemas por esta causa y se han organizado manifestaciones masivas para protestar contra los abusos del Estado contra los palestinos, como la que se realizó por repudio a la masacre de Sabra y Shatila el año 1980 que llevó a casi el 10% de la población del país a la calle.

También es cierto que, tanto en Israel como en Palestina, existen minorías de proporciones muy considerables que pretenden la soberanía sobre todo el territorio en disputa. La influencia política de estos es el mayor obstáculo para la paz. Por los resultados electorales, estos sectores  parecen ser más poderosos en Palestina que en Israel, lo que es tremendamente lamentable, pero a la luz de la historia es  esperable. Además, en la popularidad de sectores como Hamas, influyen también factores que no tienen que ver con Israel, sino con la política interior palestina: con el estado de emergencia social que allá existe – sobre todo en Gaza – y la sensación de que Hamas tiene más recursos y herramientas para mejorar la calidad de vida de la población. De todos modos, en Israel tendencias de ese mismo tipo, que no creen en la legitimidad de un Estado Palestino, también son muy fuertes, aunque sus discursos generalmente están más sofisticadamente disfrazados. Políticas como la prácticamente ininterrumpida construcción de asentamientos en Cisjordania, y las cientos de miles de personas que están dispuesta a vivir en ellos, son una clara muestra de aquello.

Pero la situación actual de ambas naciones no es equiparable. Israel es un Estado sólido y poderoso que mantiene en ocupación parte del territorio palestino, y bajo estricto control (militar, comercial, etc.) el resto. Es a Israel a quien corresponde dar los primeros pasos para conseguir la paz: detener la construcción de asentamientos y bases militares en Cisjordania, reconocer la soberanía absoluta de la Autoridad Palestina sobre sus territorios y un largo etcétera.

Los ataques con misiles a territorio israelí son indiscutiblemente condenables, pero no tiene sentido hacer bombardeos sobre zonas densamente pobladas por civiles en respuesta a esos ataques. Tampoco tiene sentido que al final de la incursión del 2009 en Gaza los muertos en palestina hayan sido más de mil y en Israel menos de 50. Menos aún que el objetivo de muchos de los ataques sea asesinar líderes ideológicos islamistas o anti-israelies, que no están involucrados derechamente en el lanzamiento de misiles ni en actos terroristas. No se puede asesinar personas por lo que piensan ni se pueden asesinar las ideas, siempre aparecerá otro que las defienda con más fuerza que antes.

Entiendo que Israel quiera defenderse del lanzamiento de misiles, pero la defensa tiene que ser: a) con el fin de evitar a largo plazo que se repitan situaciones como esta; b) dirigida solo contra las personas directamente responsables del uso de violencia; c) proporcional a la provocación; d) sobre todo, acompañada con una firme política pro-autonomía palestina.

Carta sobre un secuestro (8 de mayo de 2014)

El pasado 8 de mayo, Camilo Díaz, como tantos otros, acudió a la marcha estudiantil convocada por la CONFECH, donde fue detenido sin provocación y acusado falsamente de portar bombas molotov. Esto llevó primero a su arresto domiciliario nocturno y posteriormente a su prisión preventiva tras la apelación de la fiscalía.

Escribo esto desde la tranquilidad de mi hogar. Mientras un amigo, un compañero, está preso en Santiago 1, y para mí es como si él estuviese exiliado en una isla lejana y desconocida, siento que no puedo siquiera empezar a comprender el lugar en el que está.

Desconozco los detalles del proceso que lo llevó hasta ese lugar, sólo tengo absoluta certeza sobre su inocencia. Una convicción que se sostiene en mi propia palabra y la de otras personas cuya palabra tampoco cuenta. Una convicción que no necesita exámenes ni datos científicos y, por lo tanto, naturalmente indiferente para fiscales y juzgados.

No sé realmente que motivos hay detrás del montaje que sufrió mi amigo, ni si quienes decidieron apelar al cambio de medida cautelar, o quienes aceptaron otorgar la prisión preventiva, participan de él o realmente creen estar actuando de buena fe. Supongo que todo esto tiene que ver con amedrentar a los estudiantes con un castigo ejemplificador, mostrar el poder del Estado sobre nuestros cuerpos, encarnados todos arbitraria y temporalmente en el cuerpo de Camilo, porque podría haber sido cualquiera de nosotros.

Un acto de pura violencia.

Mi sensación es de impotencia. Esta carta es una denuncia y un descargo: No existe ninguna razón aceptable para alienar de su entorno a una persona que, bajo el análisis del más básico sentido común, no representa peligro alguno para la sociedad. Es evidente que los sujetos involucrados en este tipo de aberraciones – crean o no en la culpabilidad de los acusados – están siguiendo un plan de acción estándar sin considerar las realidades que están afectando. Sin ver personas, sólo procedimientos.

Eventualmente, se va a probar la inocencia de Camilo y será puesto en libertad, no me cabe duda de ello. Pero, ¿quiénes se harán responsables por este secuestro? ¿Cómo repararan la violencia ejercida no sólo sobre Camilo, sino que sobre todo su entorno?

Ilán Shats Y.
Estudiante de 4to año de Licenciatura en Historia en la U. De Chile, compañero de Camilo Díaz.

El insomnio y la amistad (2013)

Una noche de verano aparecí por la habitación de mi amiga Cecilia Gatica y le dije: Cecilia, vengo a matarte. Ella se dio media vuelta en la cama, o al menos eso deduje por el sonido porque la oscuridad era total, y murmuró algo, aparentemente aún dormida.

Había conseguido entrar en su departamento de una pieza en el centro de Santiago porque hace unos años otra amiga había vivido en el mismo lugar y me había dado una copia de su llave para que cuidara a su perra, siempre guardo todas las llaves, debo tener, por lo menos, de 15 casas distintas: todos los lugares en los que he vivido y varias de distintos amigos y familiares. Después de un rato volví a escuchar que se movía en la cama y me pareció que se sentaba, hubo como una pausa y dijo ¿Quién anda ahí? Soy yo, Ilán. ¿Qué estai haciendo acá? Vengo a matarte. ¿Cómo entraste? Tengo llaves. Ven a acostarte, te hago un espacio.

Me quede callado y me mantuve firme a los pies de la cama, volví a escuchar un movimiento de sábanas y nos quedamos en silencio un rato. ¿Sigues ahí? Le dije que sí, se volvió a sentar en la cama y prendió la luz del velador, ahí estaba yo a los pies de la cama con un cuchillo de cocina para cortar carne como de 30 cm de largo en la mano derecha, la Ceci estaba con la mitad de su cabeza rapada y el pelo de la otra mitad revuelto, con cara de sueño y los ojos achinados por el cambio de luz, a su lado estaba durmiendo la Andrea sin enterarse de nada. Ilán, ¿Qué chucha? No parecía alarmada, probablemente no me cree capaz de matarla. ¿No estás asustada? Un poco, me dijo, pero ¿qué te pasa? No sé, respondí, se me ocurrió esto, no puedo dormir. Ilán, ¿qué chucha te pasa? Nada, estoy escribiendo en mi casa. La Andrea seguía durmiendo, pensé en cómo podía ser posible que tuviera el sueño tan pesado. La Ceci me dijo que me fuera a dormir y dejara de escribir hueás. Bueno, le dije, ¿pero puedo matarte? ¿Pero porque me quieres matar? No sé, cuando lo imaginé no era yo el que te mataba, era otra persona, pero de un momento a otro era yo y ahora estoy aquí. Deja ese cuchillo y ándate a dormir, insistió. Bueno, pero ¿puedo matarte antes?, total es solo un texto tonto, no creo que nadie lo lea. Mm… no me gusta nada, pero si quieres hazlo, no necesitas pedirme permiso.

Me quedé un rato más de pie, quieto con el cuchillo en la mano y de pronto me abalance hacia la cama con dos pasos largos. Matar a alguien con un cuchillo de cocina es más difícil de lo que pensaba, no están hechos para esas cosas, una vez que lo clavas en el cuerpo de una persona por algún fenómeno físico se genera un vacío y sacarlo de allí es muy difícil. La cama quedó completamente cubierta de sangre, incluso chorreaba al piso.

La Andrea siguió durmiendo y no se enteró de nada.

El Lago Clepisdra (2013)

I

Esa mañana no despertaron abochornados por el primer calor del día como es costumbre en los veranos del Lago Clepsidra, pues ya hace mucho había amanecido por entre los cerros y el sol miraba el mundo con arrogancia, ignorando que para las húmedas tierras del  sur, en días nublados como aquel,  no es más que la pálida y ausente pupila del cielo.

Algo se sentía distinto en el aire y ambos creyeron estar saboreando las primeras notas de la culpa con la cual tendrían que cargar el resto de sus vidas. Guardaban silencio, cada uno en su cama.

Catalina recordaba la época en la que eran niños y pasaban allá todas las vacaciones de verano, la forma en la que desde que subía al auto atestado de maletas  todo quedaba atrás; los amigos, el camino de la casa al colegio, su pieza y todas las puertas de su vida cotidiana. Recordaba que en esos momentos comenzaba a desvanecerse lentamente toda noción temporal, hasta que en pleno enero existían solo el verano y el lago ocupándolo todo. También pensaba en Arturo, lo observaba recostado en su cama gemela a la suya, las mismas sábanas naranjas con vuelitos blancos de cuando tenía 8 años y el 5, o quizás de antes. Lo había visto abrir los ojos y apuntarlos vacíos de mirada casi en su dirección, pero ahora él se había girado, lo que la tenía inquieta; quería saber si dormía y despertarlo si era necesario, que no la dejara sola en ese silencio.

El aire parecía demasiado pesado  para dejarse traspasar por su voz.

Revisó miles de veces las distintas preguntas que le podía hacer para distraerlo de sus pensamientos oscuros, de sus pesadillas cargadas de bombas de tiempo. Quería saber si a él también se le había acabado el embrujo esa mañana, si sentía la tenue laceración de saberse un asesino.

– Que raro el día

– ¿Qué hora es? – la pregunta salió de los labios de Catalina con urgencia apenas Arturo rompió el silencio.  Él tomo su celular del velador compartido que separaba las dos camas idénticas

– Son las 10:32

Ambos guardaron silencio, aún no eran asesinos.

Finalmente, él se levantó de la cama dejando caer las sábanas al suelo. Llevaba solamente ropa interior y una polera que le quedaba corta. Orinó con la puerta del baño abierta y llenó el hervidor eléctrico que estaba en el suelo con agua del lavamanos. Desde que se vació el lago dejaban siempre las cortinas cerradas y el interior de la pequeña cabaña adquiría un aspecto espectral por el tono verdoso con el que se teñía la poca luz que lograba entrar.

Arturo espero de pie a que hirviera el agua, primero con una rodilla flectada y después con la otra, cuando empezó a burbujear recogió las dos tazas del velador único, las sacudió con fuerza una en cada mano y se sentó torpemente frente al hervidor.

– ¿Té o café?

Catalina se había sentado en la cama apoyando su cojín en el ángulo que se forma entre las 2 paredes más próximas y se había cubierto con la delgada sabana naranja, su pelo negro estaba enmarañado y voluminoso a causa de la inusitada humedad de aquella mañana. Arturo sirvió una cucharadita de café instantáneo en una de las tazas y con el tarro en una mano y la cuchara en la otra levantó la vista hacia ella.

– ¿Cata? – Ella lo miró como despertando de un sueño  y asintió levemente con la cabeza.

Echó dos medidas de café en la otra taza y dejando el tarro en el suelo vertió agua hasta el tope de los vasos.

La puerta que daba a la terraza rectangular con piso de tablas, en la que solía haber apoyado un cenicero con colillas gemelas de Philip Morris corriente, dejó escapar un sonido metálico al abrirse. Los campos alrededor de la colina estaban tibios, la espesa neblina de aquella mañana comenzaba a dispersarse y algunos rayos de sol rebotaban en la superficie del Lago Clepsidra, que después de tres semanas de abandono volvía a estar allí donde hasta la noche anterior solo había un cráter.

II

Arturo había abierto la puerta usando el pie para bajar la manilla, chorreando en el acto un poco de café de una de las tazas que llevaba en las manos, la puerta era de pesada madera de alerce y la empujó usando un hombro y la cadera.

Cuando levantó la vista y se encontró con el lago se quedó de píe unos segundos en el umbral, luego, con una sonrisa inocente en el rostro, se apresuró en dejar las tazas en la baranda y bajó los dos pequeños escalones que lo llevaban al bosque; ahora sólo lo separaba un pequeño descenso por una pradera y luego entre los árboles añosos para llegar a la orilla. Comenzó a bajar sintiendo el frío del rocío en sus pies descalzos y debatiéndose sobre si debía ir a buscar a Catalina o no. Cuando se volvió a mirar la cabaña que todavía estaba solo a unos pocos metros vio que su media-hermana, vestida con un camisón largo y con pantuflas en los pies, ya miraba el agua turquesa. Ella sostuvo la vista en el lago un momento aparentando no haberse percatado que Arturo la observaba, saboreando  cada una de las sensaciones que la recorrían en ese momento, luego ambos se miraron y sonrieron: Él mostrando los dientes con una pequeña risita, ella solo curvando los labios. Sin hablar, ella se despojó de las pantuflas apoyándose en la baranda y bajó los dos escalones dando un saltito, trotó por el pasto largo hasta alcanzarlo y juntos siguieron bajando; cruzaron la pradera, pasaron por entre las zarzamoras y tomaron el sendero que baja por entre los arrayanes. Catalina iba adelante, a unos pasos de distancia, en el último trecho la bajada es más pronunciada y la recorrió trotando. Cuando se encontraron en la orilla ella ya caminaba jugando con las pequeñas olas, dejando en la superficie barrosa huellas que no tardaban en desaparecer.

– Mira – apuntó el dedo en dirección a la isla que por tres semanas se había convertido en una montaña tenebrosa.

Arturo sonrío nuevamente y bajó la cabeza recorriendo el suelo con la vista, luego se agachó en cuclillas y escarbó un poco a los lados de una piedra bastante redonda y grande, después de algunos esfuerzos logró sacarla tomándola con la punta de los dedos y la tiró al lago tomando una corta carrera que lo dejó con un pie en el agua y el otro en el barro, la roca dibujó una parábola y cayó pesada en lo hondo. Luego volvió a escarbar buscando otro proyectil, ahora en la arena barrosa de bajo el agua.  Catalina se había sentado cerca de la orilla tomándose de sus rodillas con los brazos y miraba hacia la cordillera más allá del lago con los ojos achinados y el pelo negro danzante. La bomba estaba programada para el mediodía.

– ¿Qué hora es?

Arturo no levantó la vista del fondo del lago – No sé, dejé el teléfono arriba

-.A lo mejor todavía podemos hacer algo

– No sé… es muy peligroso – tomó una piedra cualquiera y la lanzó al lago, produciendo una nota clara y definida con el impacto, su mano quedó ennegrecida por el barro.

Siguió un silencio pesado, cada uno recapitulaba lo sucedido desde que el lago se había vaciado como quien recuerda un sueño extraño. No terminaban de entender como habían llegado a tomar la decisión de matar a Andrés Carrasco, biólogo responsable de la accidental desaparición del Clepsidra. Arturo se resistía a recorrer esa cadena de acontecimientos pues temía que eso lo condujera a la preocupación, cosa que buscaba evitar a toda costa. Prefería concentrarse en la alegría tranquila que le producía el retorno de esas aguas turquesas que lo habían conocido desde siempre, que lo hacían ser quien era y ponían las cosas en su lugar; esas aguas que no lo juzgaban, que lo envolvían a él y a toda su historia, anulándolo, volviéndolo insignificante.

Pero el hechizo del lago parecía no concretarse por completo, se mantenía en pugna con la tan temida culpa produciendo una tensión que ya comenzaba a sentir en la parte posterior de su mandíbula. Dirigió la mirada perdida hacia el agua y quiso nadar, pero antes de zambullirse miró a su media-hermana y sonrió haciendo un esfuerzo por vencer la rigidez de su rostro. Luego dio unos pasos altos y veloces y con un pequeño salto se hundió horizontalmente en el agua. Nadó un poco  y de espaldas miró a Catalina que lo seguía con la vista desde la orilla.

Ella se levantó y con un solo movimiento se despojó de su camisón, entró al agua con paso perezoso y se hundió casi sin producir un sonido, envolviéndose en la dulce, fría e inmensa amnesia del Lago Clepsidra. Mientras a unos cuantos metros, subiendo por el sendero rodeado de arrayanes, más allá de las zarzamoras, cruzando la pradera, en otro tiempo, el reloj marcaba las 12:01.